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8.8.10

Cuestiones

A veces hablar con personas que nunca hablás permite un aprendizaje mucho más profundo que el que quizás creés que podés adquirir de amigos o familiares. Hablar con alguien que no conocés está bueno porque te desquitás, podés contar todo de vos o nada, podés mentir, podés inventar, podés exagerar. Total no te conoce. Total quizás sea la única vez en tu vida que hables. Total al otro qué le importa si le mentís o le decís la verdad. A veces me agarran esos mambos y empiezo a decir cualquier cosa, a inventar historias de vida, a ser alguien que quizás no soy, ¿o sí soy?... Si lo estoy diciendo, es porque en realidad en alguna parte de mí sí soy esa persona, pero yo sigo pensando que la sociedad impone barreras que no le permiten al ser humano expresarse libremente y ser quién realmente uno es. Es todo inconsciente, no es que uno dice "no puedo ser yo", sino que simplemente uno no es. 
Pasamos la vida intentando demostrar, intentando querer ser quien en realidad no somos, es muy difícil llegar al punto en el cual no importa qué piensen los demás... Porque en realidad importa, en realidad la felicidad pasa inevitablemente por qué piensa el resto. Admiro a aquéllas personas que sinceramente les importa nada lo que el resto piense, las admiro si es que existen, porque para mí es prácticamente imposible. A ese punto se llega con una cuota de locura, locura en serio. Sino, es imposible. Nuestra conciencia no nos deja. 
El punto, o el grano podría decir del tema, es que ayer aprendí a conocer a alguien. Esas personas que las ves y decís: "Es feliz". Yo veía a este chico y decía, no le falta nada! Pero ayer hablando descubrí que no era así... Descubrí que nadie, pero nadie, es perfecto, que nadie tiene la felicidad completa, que la felicidad completa no existe y que por eso, hay que aprender a vivir con no solo los errores, sino las cosas que provocan infelicidad. Porque es una realidad, siempre habrá cosas que no nos gusten, que nos provoquen un sentimiento raro, un vacío, algo que en realidad no nos llene por completo. Tenemos que luchar por encontrarlo y evitarlo, borrarlo. Por encontrar eso que no nos hace feliz. Pero debemos saber que al encontrarlo y de a poco ir eliminándolo aparecerá otra cosa, porque la felicidad completa no existe. El objetivo así de nuestra vida debe ser querer acercarnos lo más posible a lo que se llama felicidad, y creo que eso se logra simplemente aceptando que no existe. Y además con unos principios básicos:
  • Enamorate primero de vos mismo para que los demás puedan hacerlo.
  • Creéte hermoso, para que los demás vean la hermosura en vos.
  • Sé humilde, porque creérse hermoso significa eso, creerlo. No demostrarlo.
El que quiere demostrar constantemente que es hermoso es porque no lo cree realmente. El complejo de superioridad aparece con el sentimiento de inferioridad.

4.4.10

La intrusa


de Pedro Orgambide

Ella tuvo la culpa, señor Juez. Hasta entonces, hasta el día que llegó, nadie se quejó de mi conducta. Puedo decirlo con la frente bien alta. Yo era el primero en llegar a la oficina y el último en irme. Mi escritorio era el más limpio de todos. Jamás me olvidé de cubrir la máquina de calcular, por ejemplo, o de planchar con mis propias manos el papel carbónico.

El año pasado, sin ir muy lejos, recibí una medalla del mismo gerente. En cuanto a ésa, me pareció sospechosa desde el primer momento. Vino con tantas ínfulas a la oficina. Además ¡qué exageración! recibirla con un discurso, como si fuera una princesa. Yo seguí trabajando como si nada pasara. Los otros se deshacían en elogios. Alguno deslumbrado, se atrevía a rozarla con la mano. ¿Cree usted que yo me inmuté por eso, Señor Juez? No. Tengo mis principios y no los voy a cambiar de un día para el otro. Pero hay cosas que colman la medida. La intrusa, poco a poco, me fue invadiendo. Comencé a perder el apetito. Mi mujer me compró un tónico, pero sin resultado. ¡Si hasta se me caía el pelo, señor, y soñaba con ella! Todo lo soporté, todo. Menos lo de ayer. "González - me dijo el Gerente - lamento decirle que la empresa ha decidido prescindir de sus servicios". Veinte años, Señor Juez, veinte años tirados a la basura. Supe que ella fue con la alcahuetería. Y yo, que nunca dije una mala palabra, la insulté. Sí, confieso que la insulté, señor Juez, y que le pegué con todas mis fuerzas. Fui yo quien le dio con el fierro. Le gritaba y estaba como loco. Ella tuvo la culpa. Arruinó mi carrera , la vida de un hombre honrado, señor. Me perdí por una extranjera, por una miserable computadora, por un pedazo de lata, como quien dice.

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